Ruta Senderismo VI Circular Extrema Villa de Moya

Ficha Técnica

Recorrido: (Degollada de Las Palomas – Montaña de Los Moriscos – Cuevas del Caballero - Cruz de Los Moriscos – Montañón Negro – Caldera de Los Pinos de Gáldar – Galeotes – Fontanales)
Desnivel: 729 msnm. (Degollada de Las Palomas 1622m – Mña. Los Moriscos 1729m. – Mirador de la Caldera de Los Pinos 1541 m. – Cruce de Los Galeotes 1321 m. – La Atalaya 1256 m. – Fontanales 1000 m.)
Longitud aproximada: 12 km;          Duración aproximada: 4 horas;      Tipos de firme: Cemento, tierra, asfalto
Alt. Máxima: 1729 msnm.          Alt. Inicial: 1622 msnm.         Alt. Final: 1000 msnm
Dificultad: ALTA (Tramos de moderada subida por sendero y pista de tierra, empedrado y asfalto, con especial atención a zonas de estrechamiento con posible riesgo de vértigo).
ENP: Monumento Natural del Montañón Negro, Paisaje Protegido de las Cumbres, Parque Rural de Doramas y Parque Rural del Nublo.
Observaciones: Precaución en senderos estrechos, con especial cuidado de personas con vértigo; en cruces de carretera, hacer uso del chaleco reflectante.

Recorrido:

La Ruta se inicia en el mirador de la Degollada de Las Palomas a unos 1622 metros de altitud. Desde este punto estratégico, podemos admirar la grandeza y el asombroso aspecto geológico como es la Caldera de Tejeda, entre otros, destacan la crestería del Bentayga, el Roque Nublo, los macizos de Tamadaba y de Ojeda - Inagua - Pajonales y al frente los escarpes de la plancha aglomerática de El Toscón.

Comenzamos por sendero desde la Degollada de Las Palomas en ascenso por un pequeño camino de tierra suelta que nos lleva por la cresta de la Caldera de Tejeda, disfrutando de las vistas de algunos de los símbolos de Gran Canaria, como son el Roque Nublo, el Roque Bentayga, la mesa de Acusa, entre otros; pero no dejando atrás uno de los pueblos más bonitos de España, el de Tejeda. Este sendero nos va conduciendo dirección Artenara-Agaete y dejando a nuestra derecha la Montaña de los Moriscos. En este tramo de sendero, antes mencionado, hay que tener especial cuidado ya que en algunos momentos se estrecha y puede ocasionar sensación de vértigo. Continuaremos dirección Artenara-Agaete hasta llegar a un cruce de sendero/pista de tierra. En este punto, encontramos una de las reseñas de la historia de Canarias “la Cueva de los Caballeros”, la cual podemos visitar. La vegetación predominante es el Pinar Canario y como sotobosque incluye retamas amarillas, codeso, salvia blanca, jaras, jarones y tajinaste blanco en el estrato subarbustivo, y helechos, incienso y tomillos en el herbáceo, representado con profusión en el mirador de la Degollada de Las Palomas.

Seguimos nuestra ruta por pista de tierra a la derecha y en subida serpenteante hasta llegar a la zona de los Moriscos, donde encontramos la cruz de piedra “la Cruz de los Moriscos”. Reseña histórica de los usos y costumbres de aquella época de los habitantes de Canarias. Dejamos atrás el camino Artenara-Agaete para seguir en dirección a los Pinos de Gáldar por pista de tierra hasta llegar a un cruce de sendero dirección Valsendero, e iniciamos el descenso por una pequeña senda de picón hasta llegar a la carretera general GC-150.

Aquí cruzamos dicha carretera y continuamos por un sendero, desde donde veremos uno de los conos volcánicos más recientes, el Montañón Negro a la vista, a la izquierda y paralelo a la carretera y en suave ascenso seguimos por sendero para adentrarnos a un bosquete de Pinos Mediterráneo (Pinus Pinea) que nos lleva hasta la carretera GC-150, dirección Pinos de Gáldar.

Llegado a este punto, cruzamos la carretera del Montañón Negro y seguimos por sendero de picón a la izquierda y en pequeña bajada, atravesaremos unos pocos pinos de repoblación, dirección La caldera de los Pinos de Gáldar. Cruzamos la carretera, la GC-21 dirección Artenara y giramos a la derecha para iniciar el camino de bajada que, de forma serpenteante y siempre entre pinos canarios, nos conduce hacia la encrucijada de Galeotes.

Estamos en Galeotes, nudo de comunicaciones de los caminos que cruzan la isla de Norte a Sur y de las medianías a una cota alta. El sendero de la derecha va hacia Fontanales-Teror y el de la izquierda a Guía y Gáldar. En el cruce permanecen los muros de piedra en los que se controlaba y marcaba el ganado: de nuevo los vestigios del uso ganadero del camino, que aún pervive, aunque sea de forma testimonial. Aquí giramos a la derecha y continuamos en descenso, hacia Fontanales-Teror, por un sendero por pinar y retamas, pasa una hondonada y seguimos por sendero a la derecha y en ascenso. Seguimos por la izquierda por un corto tramo de carretera de asfalto, la GC-70, cruzamos la misma, e iniciamos la bajada por sendero visualizando en la distancia el pueblo de Fontanales y a nuestra derecha, podemos observar el campo de fútbol y el barranco de la Horcajada. Al final del descenso, nos encontramos un merendero y una carretera de cemento. Por ésta, continuamos nuestra ruta en descenso y cogiendo como referencia el campanario de la Iglesia de Fontanales, donde finalizamos el recorrido.

Destacamos:

Cruz de Los Moriscos. Cristóbal Perera, quesero de Arucas, hombre profundamente religioso, eligió esta cruz por lo afortunado que fue en sus desplazamientos a Artenara en los que no sufrió percance alguno. A lomos de su mula, trasladó la cantería que aún se conserva. La transcripción del texto que hace referencia a ella no deja lugar a dudas: «Es una obra artesanal labrada en cantería de Arucas, apoyada en un basamento de cinco pies los cuales van disminuyendo progresiva e irregularmente hacia la cúspide. Contiene en su base una placa de mármol cuarteado donde figura la siguiente inscripción: “Cristo vence, reina y triunfa. Monumento al Redentor. 6-1913”.

Caldera de Los Pinos. Se trata de un cráter de un edificio volcánico cónico formado por la acumulación y compactación de escorillas y lapillas, hace aproximadamente 3075 años. Constituye uno de los últimos episodios volcánicos de la isla grancanaria.
Las crónicas y toponimias nos hablan acerca de una veintena de pinos canarios llegados desde cientos o incluso miles de años atrás, que habían conseguido resistir hasta nuestros días. Ni el paso de los años, ni las lluvias, ni los vendavales, ni las prolongadas sequías habían conseguido derribarlos, y no se sabe por qué habían escapado tanto del hacha del hombre como del fuego. Son popularmente conocidos como “Pinos de Gáldar” y se localizan al borde de esta excelente atalaya, desde donde se aprecia un precioso paisaje del norte de la isla. Se vislumbra que debieron estar muy relacionados con los primeros colones de las laderas exteriores de la caldera.
Los “Pinos de Gáldar”, parientes cercanos del “pino enterrado”, han sido testigos desde tiempos remotos del paso de los pueblos, lágrimas, sudores y sangre; además de la devastación del bosque, del pinar, cuyas maderas se utilizaban para los techos y balcones canarios de la época. En 1962 se contabilizaron en esa zona hasta 19 pinos centenarios, y 15 años más tarde, después de que se iniciaron las primeras reforestaciones, aún permanecían todos ellos en perfecto estado. En tan sólo 25 años se habían evaporado casi la mitad de aquellos singulares pinos, lo que no habían conseguido siglos y siglos de inclemencias del tiempo y de intemperie.

Fontanales. Su nombre tiene origen en la gran cantidad de fuentes naturales que albergaba en tiempos precedentes, que se convirtió en Fontanales.
El desarrollo de su población se remonta a mediados del siglo XVII, en plena época de recuperación, tras la caída del cultivo de la caña de azúcar. Las causas de este incremento se deben principalmente a la introducción de nuevos cultivos de gran rendimiento y de bajo coste como es la papa y el millo. Además, la calidad de las tierras del lugar posibilitó una buena producción agrícola que contribuyó a generar un comercio considerable. Así pues, Fontanales contribuyó en gran medida a que en esa época Moya se consolidara como uno de los núcleos de población que más creció en el norte, debido al dinamismo de su economía de base agraria. Además, ayudó enormemente a que se desarrollase una agricultura de abastecimiento y una ganadería, especialmente de vacas y cabras.
Cabe resaltar el gran número de pozos que fueron construidos, especialmente en el siglo XX, con el objetivo de abastecerse de agua. Para su construcción se solía usar piedra y cal, y pueden alcanzar una profundidad aproximada de 15 m. por 7 m. de ancho.
La Ermita de San Bartolomé constituye uno de los inmuebles más interesantes de la arquitectura religiosa popular. Su importancia se debe no sólo a su antigüedad (mediados del s. XVI), sino también al esfuerzo que supuso su construcción, pues fue elegida por los habitantes de Fontanales. No obstante, ésta se construyó también gracias al importante propietario de la zona, Juan Mateo Trujillo, en torno a 1635. El actual edificio, tal y como se conoce hoy en día, se terminó en 1872. La imagen del Patrón es obra del escultor José Luján Pérez (1753-1815) y actualmente se encuentra en la iglesia nueva. Anexo a la ermita, se encuentra la plaza de San Bartolomé donde se celebra desde 1758 la popular Fiesta de los Vecinos. Su origen se debe a la promesa que hicieron los vecinos cuando en ese mismo año ofrecieron esta celebración a cambio de que los librara de una plaga de langostas que les estaba arruinando todas las cosechas. No obstante, la fiesta más importante se celebra el 24 de agosto en honor del Patrón, San Bartolomé. Por su parte, el 16 de julio está reservado para la festividad de la Virgen del Carmen.

Recomendaciones:

Es aconsejable hacer estiramientos antes y después de caminar.

La indumentaria debe adecuarse a la estación del año, siendo necesario un gorro, protector labial y crema solar para protegernos del sol, y chubasquero y algo de abrigo, para los imprevistos.

Se recomiendan botas de caña alta antes que zapatillas de deporte, para evitar torceduras y resbalones. Los bastones sirven de apoyo para descansar las rodillas, y en tramos de bajada o subida pronunciada se agradecen.

Los alimentos deben ser ligeros y ricos en calorías, sobre todo fruta (plátanos, frutos secos...), barritas energéticas, zumos y, ¡agua, sobre todo, agua! Evitar cargar con peso innecesario.

No tirar restos de comida (cáscaras, etc.), que aunque sean biodegradables, son desagradables a la vista. Lo ideal es traer una bolsa para ello. Si vemos basura por el camino, incluso podemos recogerla, ¡¡es posible!!

Respetar la flora y fauna del entorno, el patrimonio histórico, geológico y etnográfico, la propiedad particular y la tranquilidad del entorno. No se pueden recolectar piedras, plantas o frutos.

Tener en cuenta los consejos de los monitores y procurar ir todos lo más juntos posible, no hay medallas para los primeros, y sobre todo, desconectar de lo cotidiano, disfrutar del paisaje y de un día en la naturaleza.

Los monitores y la organización no se hacen responsables de las acciones negligentes de los participantes.

Se recomienda obtener la Licencia Federativa de Montañismo, tiene ventajas importantes como el seguro y descuentos en cursos, viajes, carreras de montaña, etc.

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